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IMPLANTACION DEL EMBRION 
.Contenidos recopilados por ELIZABETH (c) 2002

 
JAIME PRATS , Valencia (12-10-99)
Claves de la implantación del embrión


Una vez fecundado el óvulo, el embrión se enfrenta a la prueba más díficil para que se desarrolle el embarazo: fijarse al endometrio. Las posibilidades de implantación en la membrana que cubre la cavidad uterina rondan el 30% en la especie humana. Por eso, muchas gestaciones no prosperan. Un equipo de investigadores del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), dirigido por el doctor Carlos Simón, ha desvelado en un estudio, premiado por la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva, el diálogo que mantienen el embrión humano y la superficie del endometrio mediante el intercambio de una serie de sustancias que permite el comienzo del desarrollo del futuro feto.

Hasta el momento era una incógnita la naturaleza de los procesos químicos que llevan al embrión a atravesar la superficie del endometrio, fijarse a este tejido y desarrollarse en el útero.

Carlos Simón explica en su estudio que durante el trayecto del óvulo fecundado desde las Trompas de Falopio a la pared del útero -entre los cinco y los seis días posteriores a la concepción- y mientras aún se encuentra flotando frente al endometrio, las células más superficiales del embrión se activan y estimulan la superficie del útero. Es entonces cuando comienza la fase de adhesión embrionaria.

El blastocito contacta con el útero y las células externas de la pared endometrial entran en apoptosis, es decir, en muerte celular programada. Esta desaparición controlada crea una cavidad por donde se introduce el embrión y se fija al útero. Una vez acogido por el endometrio, el embrión arraiga y comienza el desarrollo de la placenta.

 

El embrión contacta con la superficie del endometrio y la atraviesa. Abajo el embrión ya fijado en el útero, en la fase de desarrollo de la placenta

Muerte celular

Simón, profesor de Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Valencia y director científico del IVI, explica esta relación en clave de diálogo: un sistema de ligandos y receptores que se encuentran en el embrión y el útero, respectivamente. Cuando entra en contacto con el epitelio endometrial, el ligando del embrión, situado en su capa más externa, activa el receptor presente en la superficie del útero, que reacciona estimulando una enzima, la caspasa-8. Esta proteína actúa directamente sobre el DNA celular, fracciona la carga genética y provoca la muerte de una pequeña superficie del tejido, abriendo paso al embrión.

La aplicación médica del descubrimiento de los procesos químicos que intervienen en la fijación del embrión es doble. Por un lado, si se logra bloquear el receptor del endometrio, se evita que el embrión pueda fijarse al útero, de forma que resbala a lo largo de la cavidad uterina y cae hacia el exterior, actuando de este modo como sistema de anticoncepción. De esta forma, señala Simón, se podrían evitar los efectos secundarios de los anticonceptivos hormonales, aunque reconoce que esta posibilidad se encuentra en estudio.

El hallazgo también puede abrir la puerta a tratar problemas de endometriosis. Esta patología es la responsable de que una elevada proporción de mujeres no pueda tener hijos debido a alteraciones en el proceso de fijación del embrión. El descubrimiento de las reacciones químicas que intervienen en la adhesión embrionaria supone un primer paso para la solución del trastorno en el endometrio en estos casos.

Conocer estos mecanismos con detalle también permitirá estimular la fertilidad de las mujeres que presenten otros problemas en la fijación del embrión. Simón destaca que, en el campo de la reproducción asistida, cuestiones como la estimulación ovárica, la obtención de ovocitos, fecundarlos fuera del ovario e incluso introducirlos de nuevo en esta cavidad están superadas. Sin embargo, plantea muchos más problemas la fase de adhesión, un aspecto que podría remediar el descubrimiento premiado por la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva.

Éste no es el primer reconocimiento que obtiene el IVI. A los conseguidos en los años 1993 y 1995 se suma otro galardón concedido en 1997 también por la misma sociedad médica en reconocimiento a una técnica de cultivo embrionario practicada en reproducciones asistidas cuando falla repetidamente la fecundación in vitro.

Doscientos casos

El IVI aplica desde hace tres años este programa, que se ha saldado con éxito en más de doscientas pacientes que habían sufrido anteriores fallos de implantación, es decir, más de tres fertilizaciones in vitro en las que no se produjo adhesión embrionaria. El programa consiste en cultivar el embrión en una cuna de células de la madre, concretamente del endometrio, durante seis días, una práctica que aumenta notablemente las posibilidades de implantación en el útero. El 15% de la población es infértil, lo que supone que unas 600.000 parejas españolas están incapacitadas para tener hijos de forma natural. Aunque no en todos los casos se puede determinar cuál es la causa de la infertilidad, repartida en un 50% entre hombres y mujeres, en muchos casos existe la posibilidad de tratamiento.


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